El dharma de Yoda






Allá por 2010 acababa de publicar mi primera novela. La guerra por el norte recibió una acogida estupenda y yo trabajaba en la continuación, Dueños del destino, ajeno a lo que se me venía encima. Apenas unos meses después perdería el trabajo y, como consecuencia, me vería obligado a salir de mi casa con lo puesto y comenzaría un peregrinaje por habitaciones y hogares de amigos y conocidos. Sin embargo, en aquel momento yo solo era un autor novel con un miedo tremendo a hablar en público. La única manera que conozco de solucionar las cosas es enfrentarse a ellas, así que decidí prepararme una conferencia de una hora de duración en la que hablaba sin parar y a pecho descubierto ante un auditorio. Joey Ramone, pidiendo a gritos tratamiento de choque, era mi inspiración. Decidí que el tema de la conferencia sería un acercamiento al germen de las enseñanzas Jedi en Star Wars desde el budismo zen. ¿Por qué los Jedi son lo que son y dicen lo que dicen? Me estrené en la Hispacon de 2011. Después de varios pases más, concluí aquella locura en el primer festival Celsius de Avilés, frente a una sala enorme atiborrada de fanáticos de Star Wars que se encontraron, entre el pasmo y el escepticismo, a un desconocido cubierto de tatuajes que micro en mano se disponía a magrearse con sus películas favoritas. Aplaudieron un buen rato. Soy el Robert Mitchum de este rollo nuestro. Sobreviví y superé el miedo a hablar en público. Pero casi no lo cuento.





Star Wars y el budismo zen:
el dharma de Yoda.


Es difícil encontrar alguien, hoy en día, que no conozca, aunque sea de pasada, a los Caballeros Jedi de Star Wars y al maestro Yoda. Mucha gente, no sólo aficionados al cine fantástico y de ciencia ficción, reconocen las frases más populares de esta saga cinematográfica y, por ende, las enseñanzas Jedi o lo efectivo y espectacular que resulta utilizar La Fuerza, esa energía mística que conecta el universo. Sin embargo, ¿dónde está el origen de su filosofía? ¿Entendemos lo que realmente dice el maestro Yoda? ¿Podemos deshacernos de nuestro rol como espectadores y convertirnos en verdaderos padawan de la enseñanza Jedi?
Hoy vamos a ser esos niños que rodean al maestro y, como ellos, prestaremos atención a las palabras y encontraremos un nuevo sentido para tanta cita resultona con aires de coaching empresarial. Y lo haremos a través de la filosofía budista, en concreto del budismo zen.


¿Por qué el budismo?

Según el propio George Lucas en una entrevista en la revista Times en 1999: “por aquella época todos éramos un poco budistas.” ¿A qué época se refiere? ¿Por qué eran todos un poco budistas? ¿Y qué significa eso?
Para acercarse al germen de lo que serían los Jedi hay que ponerse en situación. Mediados de los años sesenta; California; un joven estudiante de cine se deja conquistar por la nueva corriente que empapa todo durante los años hippies hasta ponerlo perdido: el New Age. Corrían vientos de contracultura y rebeldía que habían instaurado el nacimiento de un nuevo periodo en la historia de la civilización. En 1962 comenzaba la era de Acuario, que presuponía un cambio de conciencia en la humanidad, y así se creó ese cansino batiburrillo de filosofía, esoterismo, gnosticismo, astrología y, por supuesto, orientalismo —encabezado por el budismo y el taoísmo—.
Fue en ese ambiente de la nueva era en que un joven estudiante de cine comenzó a idear las aventuras galácticas de un nuevo Flash Gordon. Poco a poco el proyecto fue tomando forma y, tras dirigir su primera película, trabajó en el primer esbozo del guión junto a su esposa y su amigo Francis Ford Coppola. En este primer guión aparece una antigua religión en la galaxia formada por monjes guerreros defensores de la paz y que conocían los caminos de una corriente mística que todo lo unía: La Fuerza. Como una peli china de artes marciales, tan de moda en los setenta, pero en el espacio.


Pero, ¿qué es el budismo?

El budismo es una religión que busca la superación del sufrimiento a través de la iluminación y que está basada en la experiencia de un hombre, llamado Sidharta Gautama, que nació en La India hacia el siglo sexto antes de Cristo. Consta de diferentes sectas, cada una con su particular interpretación de las enseñanzas de Buda, por toda Asia. Sin embargo, nos centraremos en la rama del budismo chino —llamado Chang—, más conocido con su denominación japonesa: zen. El budismo japonés, junto con el budismo tibetano, son las dos corrientes más internacionales de esta religión.
El budismo Chang llega a China en el siglo once de nuestra era, cuando Bodhidarma, un monje hindú, decide llevar las enseñanzas de Buda a ese basto imperio. A su llegada, el emperador reinante, que había construido templos y redactado sutras, preguntó al monje qué mérito tenía todo lo que había hecho, a lo que éste respondió: ninguno. El emperador, que evidentemente no estaba acostumbrado a que le hablasen con franqueza, le preguntó quién era él para hablarle así, y el monje respondió con un todavía más desconcertante: no lo sé. Después de aquel episodio, Bodhidarma marchó al templo de Shaolín y meditó en una cueva, frente a una pared, durante nueve años. Si alguna vez vais al templo de Shaolín, en china, se puede visitar la piedra frente a la que meditó Bodidharma y en la que, supuestamente, quedó impresa la silueta de su sombra. Cuando descendió la montaña había ideado un nuevo sistema de ejercicio físico y meditación para los monjes del templo basado en los movimientos de los animales de la jungla. Así nació el Kung fu. ¿Cuáles eran las características de esta nueva enseñanza? La iluminación a través de la rectitud diaria además de la meditación y la atención en cada una de las acciones presentes. El poder de la mente sobre el cuerpo.
Llegados a este punto, quizá algunos se pregunten: ¿es Yoda un buda?
A oídos de un budista, la respuesta a esta pregunta sería: sí. Porque según las enseñanzas de Sakyamuni, y como reza el dicho japonés: todos los seres vivos son buda. Entonces, ¿Son los Jedi monjes de Shaolín? Supongo que algo así tenía en mente Lucas cuando escribió por primera vez el esbozo de lo que serían sus monjes guerreros. Los monjes budistas siguen un estricto código moral llamado la cuarta noble verdad del óctuple sendero que consiste en: la comprensión correcta, la aspiración correcta, lenguaje correcto, conducta correcta, medio de vida correcto, esfuerzo correcto, atención correcta y meditación correcta.
En este caso la palabra correcto es la mejor traducción posible de la palabra Samma, en lengua Pali. Se refiere a la mesura, por influencia taoista: el camino del medio, el justo centro. Como podemos observar, el óctuple sendero es, exactamente, un caballero Jedi, por delante y por detrás.
Sin embargo, debemos establecer algunos matices y licencias. Y es que, si bien el propósito de un monje budista es abandonar el sufrimiento y alcanzar la felicidad. ¿Cuál es el propósito de un caballero Jedi? Defender la paz y la justicia en la galaxia y la República. Aunque parezca extraño a oídos de un desconocedor de las enseñanzas de Buda, los monjes no tomarían partido por un gobierno justo porque la justicia supone un concepto parcial, moral, y que lleva al error. La República es la mejor forma de gobierno para la República; para un monárquico la mejor forma de gobierno es la Monarquía, y para el emperador, obviamente, el Imperio es el mejor gobierno posible. Cuando nos referimos a estos conceptos, independientemente de nuestras consideraciones y según la forma búdica, no existe la mayoría, el bien de unos por el mal de otros, tan sólo la relatividad del concepto con todo lo que ello comporta. Es por eso por lo que los monjes Shaolin no luchaban —excepto en escasas ocasiones, tal que invasiones bárbaras o revueltas populares—, por los gobiernos o dinastías. Sí, eran unos equidistantes de mierda. Pero, el fracaso de la Orden Jedi comienza en el momento en que se convierten en defensores de un estamento político-burocrático como es el senado galáctico.
Por todo esto, encontramos que las enseñanzas de Yoda y los Jedi encuentran su reflejo en los pilares fundamentales del budismo. ¿Por qué los Jedi no pueden casarse? ¿Por qué siente Obi Wan la destrucción de Alderaan? ¿Qué significa: hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes? ¿Es el miedo una puerta al lado oscuro? Como diría un maestro zen, o el mismo Yoda: tu mente de preguntas despeja. Por qué no hay.


Los pilares del dharma explicados por Yoda.


La compasión.
Durante el episodio segundo de Star Wars, El ataque de los clones, tiene lugar la siguiente conversación entre Anakin y Padmé:
¿Se os permite amar? Creía que un Jedi lo tenía prohibido—. Pregunta Padmé a Anakin.
El apego está prohibido. La compasión, por contra, que para mí no es sino el amor incondicional, no. Se puede decir que se nos alienta a amar—. Contesta Anakin.
La compasión, en el budismo, se llama Jihi. Es el amor universal, el más profundo. Significa convertirse en el otro, eliminar la dualidad a la que estamos acostumbrados en el amor y que enfrenta a dos seres diferentes. Sin embargo, la compasión sin sabiduría no sirve de nada. Hay que salvarse a uno mismo para salvar a los demás, de otra forma contagiamos nuestras enfermedades en lugar de ayudar. Este precepto es algo que Anakin olvida de principio a fin; contamina su propósito con sus miedos y flaquezas, de forma que, en lugar de ayudar, resulta el desequilibrio que condena a todos sus seres queridos. Por eso mismo, Yoda teme que Luke caiga en el mismo error y, cuando abandona su entrenamiento en Dagobah para ayudar a sus amigos, le advierte:
Si acudes en su ayuda antes de acabar tu entrenamiento destruirás todo por lo que ellos han luchado.
Lo que Yoda pretende decir es: ayúdate a ti mismo antes de ayudar a los otros. Un enfermo no puede sanar y, en su ansia egoísta, tan sólo causa problemas y sufrimiento.

Momento presente, intuición y conocimiento innato.

Tengo un mal presentimiento —dice Obi-Wan.
—Yo no siento nada —responde Quin-Gon Jinn.
—No hablo de la misión maestro, presiento algo lejos... se evade.
—No te concentres en tu ansiedad Obi-Wan, que tu concentración esté aquí, como debe ser.
—Pero el maestro Yoda dice que debo ver hacia el futuro —replica Obi-Wan.
—Pero no a expensas del momento.
Diálogo entre Qui-Gon Jinn y Obi-Wan Kenobi al principio de Episodio I
El momento presente es de una importancia crucial en el budismo zen. La concentración absoluta en los actos que se llevan a cabo en el momento exacto alejan las distracciones de la mente y mejoran los resultados de las labores. Sirven de ejemplo las disciplinas artísticas del antiguo Japón: la caligrafía, arreglos florales, origami, bonsai, incluso la ceremonia del té se vuelve un arte del perfeccionamiento y la concentración. Al alejar las distracciones se consigue la felicidad en la tarea y la perfección absoluta.
Un Jedi debe tener la más profunda concentración, la mente más equilibrada. Durante mucho tiempo ha distraído su mente hacia el futuro. Nunca ha estado donde él estaba, en lo que estaba haciendo.
Yoda a Obi Wan, refiriéndose a Luke Skywalker.
Rinzai es uno de los patriarcas del zen Japonés. Durante uno de sus discursos, un oyente malintencionado le preguntó cuál era su poder, en referencia a otro maestro del que decían podía caminar por sobre las aguas. Rinzai respondió: cuando tengo hambre como; cuando tengo sueño duermo. Tras la aparente sencillez de esta enseñanza descubrimos que muy pocos son los que duermen tranquilos, sin sueños y en paz; o comen sin otro pensamiento que no sea saborear la comida, masticar y tragar. Ese es el mérito del momento exacto. La mayoría deja paso a los sentimientos y ansiedades de lo pasado o lo futuro, y eso es fuente de sufrimiento y aleja de la paz interior y la iluminación. Por eso Yoda teme que en los pensamientos sobre un futuro ignoto o un pasado atormentado, el pádawan de Obi-Wan no haya hecho más que acumular rencor, mal karma y sentimientos de fracaso que, evidentemente, lo conducirán al lado oscuro.
Y, una vez se vive el momento presente, hay libertad de acción absoluta y verdadera, con la intuición como motor de las acciones. Lo espontáneo, libre y automático.
Deja a un lado tu consciencia y actúa por instinto. —Obi Wan a Luke en el Halcón Milenario.
Y poco después:
Utiliza tu instinto, Luke. —cuando le insta a desconectar la computadora de su Ala-X.
¿Por qué hay que dejar paso a la intuición, eliminar el pensamiento? Cada ser, cuando nace, es buda, se encuentra en estado puro, en el satori. Después se aleja de ese estado, el Karma contamina su verdadero estado luminoso y olvida la verdad natural que reside en él.
La mente de un niño maravillosa es. —dice Yoda a Obi-Wan frente a sus padawan en Episodio II.
¡El mismo maestro Yoda, con toda su sabiduría, confía los serios problemas de Kenobi a la intuición de un niño!
Es por esto que la búsqueda de la iluminación es un regreso. Todo camino hacia delante es un deshacer lo aprendido, un viaje interior a lo que las imposiciones morales, las minusvalías de los otros, enterraron y nos hicieron olvidar. Luke Skywalker emprende un viaje en busca de un padre que nunca conoció y, cuando lo encuentra, clama por su amor, por lo que su padre ya no es. Al no conseguir lo que desea lucha con él y ¡lo mata! Sin embargo, en ese momento percibe que ese era el camino que su Karma le dictaba: convertirse en el monstruo, el mismo ser despiadado que fracasó en el camino de la Fuerza. Así que lo perdona y en la redención, renuncia a la lucha, encuentra su estado original y se convierte en el padre que debería haber sido y no en lo que fue.
Hay múltiples ejemplos de este retorno a la acción natural durante la saga de Star Wars.
Concéntrate en el momento, siente, no pienses. —Qui-Gon Jinn a Anakin Skywalker, antes de la carrera en Boonta Eve.
Es por esto que los Jedi se obligan a actuar por instinto: intuición pura.
Por otra parte, en relación al regreso al niño interior, también se atiende a lo que se conoce como conocimiento natural. Hay un conocimiento natural que se transmite de una generación a otra, un remanente intuitivo que pertenece a la especie, al colectivo, y no al bagaje del individuo. Es lo que el psicólogo alemán Karl Gustav Jung, discípulo de Freud, denominó el suconsciente colectivo. Se comparte una consciencia, un conocimiento, que se transmite mediante el vínculo invisible que nos une y hace uno.
Un ejemplo:
¿Eres piloto? —pregunta Padmé a Anakin.
—De toda la vida —responde el niño.
Vive el momento presente sin otra interferencia; actúa sin pensar más que en la misma acción intuitiva; atiende al conocimiento anterior que ya reside en ti, en todos. Por lo tanto, para el budista, todos estamos unidos, todos somos lo mismo; un estado que se denomina…


Interdependencia.

En el budismo todo se encuentra conectado, de forma que los opuestos pueden ser y no ser, lo mismo y diferente.
La Fuerza es lo que le da al Jedi su poder, es un campo de energía creado por todas las cosas vivientes, nos rodea, penetra en nosotros y mantiene unida a la galaxia.
Obi-Wan Kenobi hablando de la Fuerza a Luke Skywalker.
En la manera budista, yo y los demás somos la misma cosa. Durante su visita a las ciudades Gurgan, en Naboo, Quin-Gon Jinn dice a sus líderes que la desaparición de unos provocará el fin de los otros, pues están unidos en su sino. ¿Por qué deberían sufrir las consecuencias si viven bajo el agua y están ajenos a la guerra? Porque según las enseñanzas budistas —o Jedi— todo está relacionado; un poco, quizá, a la manera determinista. La causa y el efecto son la misma cosa, indivisibles, aunque no veamos la relación aparente entre los opuestos, existe. Lo que ocurre a unos, por insignificantes que sean, afecta a todo el conjunto. Nadie puede permanecer ajeno a su alrededor, al entorno, al universo.
Debes sentir la Fuerza a tu alrededor; aquí, entre tú y yo. El árbol, la roca, por todas partes.
Explica el maestro Yoda.
De la misma forma, los otros seres vivos, las plantas, las montañas, el planeta, la galaxia entera son yo mismo, así que herir a los otros, es herirme a mí mismo.
He sentido una perturbación en la Fuerza, como si millares de almas gritasen al mismo tiempo.
Obi Wan cuando el planeta Alderaan es destruido.
Este es uno de los pilares de la disciplina Ahimsa que deriva en la no violencia. Todo lo que haga contra los otros, lo hago contra mí mismo. El mejor ejemplo de este caso lo encontramos en los consejos que Yoda da a Luke al respecto de su agresividad en combate. Debemos apuntar que el joven Luke, preso de sus sentimientos, siempre desenfunda su sable antes que su oponente, y así es que cuando entra en la cueva del planeta Dagobah y se enfrenta a la visión de Vader, es su propio rostro el que encuentra dentro del yelmo. Sin embargo, es en su último movimiento, durante el Retorno del Jedi, en que vence al lado oscuro, enfundando el arma y arrojándola lejos de él: no necesita armas para derrotar al emperador. Ha vencido a su padre, al karma que arrastraba desde el nacimiento, pero la rabia lo acerca a los deseos del emperador. Entonces se deshace del sable, del arma que había fabricado él mismo tras perder la que heredó de su padre en combate singular con él.
¿Qué significa el rostro de Luke en el yelmo de Vader? ¿Por qué Obi Wan se deja vencer en combate con su viejo alumno? En Star Wars el maestro se sacrifica para que el alumno tome el lugar que le corresponde, algo muy típico del budismo zen. El Bosatsu, Bodhisattva en sánscrito renuncia a la iluminación y elige permanecer en la tierra para ayudar a otros a alcanzar la iluminación y, de la misma forma, elige cuando es el momento de partir. Son numerosas, las historias en que el maestro anuncia el momento de su muerte a sus alumnos.
Si me matas, tendré más poder del que posiblemente te puedas imaginar.
Obi-Wan Kenobi a Darth Vader antes de bajar sus defensas.
La desaparición del cuerpo del maestro y su partida en paz, son también símbolos de la alta elevación espiritual. Obi-Wan y Yoda no dejan cuerpo tras de ellos cuando mueren. Así pues, el maestro cede su lugar al discípulo a través del sacrificio. De esta forma, encontramos que maestro, alumno y enemigo se unen en la misma persona, en una especie de trinidad. Todo está en él; bien y mal, luz y oscuridad, el maestro bondadoso y el corrupto malvado. Y ésta es la unicidad del budismo, en la que toda vara tiene dos extremos de una misma sustancia. Todos los Jedi son Sith en potencia, y todos los Sith son Jedi que han caído en el lado oscuro. En cada uno de ellos se encuentra el otro, de forma irreversible. Esta es una de las mayores enseñanzas de Star Wars y del budismo: la unicidad.


La percepción de la realidad.

Descubrirás que muchas de las verdades en las que creemos dependen de nuestro punto de vista.
Obi Wan a Luke tras la muerte de Yoda.
Nada es lo que parece o como juzgamos, porque el que juzga se equivoca y presupone una realidad que es indefinible. Resulta que hay tantas realidades como observadores, ya que cada ser viviente tiene su propia percepción de la realidad y, al fin y al cabo, como se sabe, lo que cuenta son los sentimientos propios hacia la realidad percibida y no la realidad en sí. Son los sentimientos negativos de uno los que vuelven un día gris en un día triste o incluso uno soleado en un mal día. La percepción manda sobre la realidad.
Tus ojos pueden engañarte, no confíes en ellos.
Obi-Wan a Luke.
Porque, durante su entrenamiento, Luke no ve una esfera flotante que dispara una descarga que debe parar; Luke ve una descarga eléctrica que quizá no detendrá y le proporcionará una buena ración de dolor. Su percepción determina su fracaso. De esta forma, nuestros sentimientos cotidianos son los que definen la realidad única y personal en la que vivimos. Lo que para unos es una mala noticia, para otros es un suceso maravilloso; el vaso está vacío, medio lleno o tiene más que suficiente para saciar la sed.
Tu enfoque determina tu realidad.
Qui-Gon Jinn a Anakin al salir de Coruscant en dirección a Naboo.
Durante el entrenamiento de Luke en el planeta Dagobah, el maestro Yoda tropieza, una y otra vez, contra el muro de los prejuicios de su discípulo. Algo que debe destruir si pretende convertirse en un Caballero Jedi.
El tamaño no importa —dice Yoda—. Mírame a mí. Me juzgas por mi tamaño, ¿eh? Y no deberías, porque mi aliada es la Fuerza, y una poderosa aliada es... La vida la crea, la hace crecer, nos penetra y nos rodea... ¡Seres luminosos somos! ¡Tú eres la materia bruta! Debes sentir la Fuerza a tu alrededor, aquí, entre tú y yo. Sí. El árbol, la roca, por todas partes; incluso entre la tierra y la nave.
—Pides lo imposible —añade Luke.
(Yoda eleva el Ala-X sobre el pantano)
—Yo... No puedo creerlo. —se disculpa Luke.
—Ya. Por eso has fallado —concluye Yoda.
Y un momento antes:
¡Tú siempre dices: “no se puede”! —reprende Yoda a Luke—. Nada oyes de lo que digo.
Una cosa es mover piedras. Esto es diferente.
¡No es diferente! Tienes que olvidarte de lo que has aprendido.
Es por eso que Yoda pretende liberar a Luke de sus propios miedos y prejuicios. Un niño no tiene prejuicios, no está condicionado todavía, son los adultos los que transfieren a él sus miedos e incapacidades que con la edad hace suyas. En japonés se denomina Mushotoku a la disciplina de hacer las cosas por el mismo hecho de hacerlas, sin finalidad, sin meta, sin objeto, sin prejuicios. Por eso el maestro dice al alumno:
Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes.
Dice Yoda a Luke.
Lo que el maestro viene a decir aquí es: olvida tus miedos, tu lógica aprendida, tus prejuicios sobre los que es posible o no lo es y, simplemente, haz lo que debes hacer. No anticipes el fracaso o tus posibilidades a la acción. Sin embargo, Luke falla. Y fracasa porque es incapaz de deshacerse del objetivo, la meta en la acción, el propósito de algo que su lógica le dice es imposible. Mushotoku: hacer las cosas por el mismo hecho de hacerlas, en el momento presente, sin finalidad, sin beneficio.
Y esta forma de percibir la realidad, toda la importancia búdica de lo subjetivo, nos conduce al relativismo moral de los budistas y al siguiente punto importante en su filosofía.


La no-dualidad. Bien y mal. Luz y oscuridad.

Puede sonar extraño, incluso escandaloso, pero según el budismo zen no se puede diferenciar el bien del mal. Si atendemos a la enseñanza, todo es relativo, subjetivo, y eso produce que lo que es bueno o malo para unos sea lo contrario para otros. El bien y el mal no se encuentran en la naturaleza. Un gato no es malvado por jugar con un ratón antes de matarlo; un león no es malvado por cazar antílopes; el cielo no es malvado por descargar una tormenta que arrasa todo a su paso o bondadoso por regar los campos y traer la vida con la lluvia. El bien y el mal están ligados al hombre, son conceptos morales, por lo tanto relativos y no universales. Falsos. Eso no quiere decir que Vader no sea malvado, al contrario, es el paradigma del mal, pero a ojos del emperador Palpatine es adecuado, quizá incluso blando si lo compara con lo que puede llegar a ser su hijo, Luke.
Desde mi punto de vista los Jedi son el mal.
Dice Anakin Skywalker.
Nosotros dictaminamos lo que está bien o mal, y en esa apreciación o juicio podemos caer en el error. Por eso el budista no toma partido o no debería hacerlo. No juzga. Es el motivo por el que lo apropiado es imaginar la luz frente a la oscuridad en un infinito campo de grises. En la saga de Star Wars se representa una lucha de la luz contra la oscuridad. No hay dualismo; ambos extremos son, en realidad, la misma cosa. El Imperio nace de la corrupción política de la República, de la misma forma que los Sith nacen de los Jedi.
Ese lugar… —dice Yoda—. El lado oscuro es fuerte allí.
¿Qué hay dentro? —pregunta Luke.
Sólo lo que lleves contigo.
Conversación entre Yoda y Luke Skywalker en Dagobah.
Luke toma las armas para enfrentarse a su propio temor. Y falla.
La demostración de esto se encuentra en el mismo Anakin y su ciclo vital, su pequeño Samsara en el que nace, crece, ambiciona, posee, pierde, se redime y muere. Y esto enlaza con el siguiente puntal en el dharma de Buda, el apego.


El apego

El apego, o más bien la incapacidad de aceptar la impermanencia, es fuente de sufrimiento. Si no hay desapego, si uno se resiste al cambio, produce choque y conflicto. En palabras de Obi-Wan Kenobi a Luke Skywalker:
Entierra tus sentimientos. Son dignos de ti, pero podrían servir también al emperador.
Ciertamente, y como dijo Lucas en una entrevista en 2005, Star Wars es una saga que gira en torno al apego. Anakin no puede deshacerse de las cosas, tiene demasiado miedo a perder: su madre, su novia, su maestro, su poder… así se vuelve avaricioso y cae en el lado oscuro. Como dice Lao Tse al respecto en el texto canónico del Taoísmo, el Tao Te King: el que se aferra no conserva. Y Anakin da palos de ciego, tratando de mantener lo que ama a su lado pero, al igual que en las arenas movedizas, cuanto más bracea, más se hunde en el lado oscuro.
El miedo a la pérdida un camino hacia el lado oscuro es.
Yoda
De nuevo el temor resulta el acicate a todos los malos presagios que se ciernen sobre el hombre.
El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro; el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Veo mucho miedo en ti.
Yoda a Anakin en el Consejo Jedi.
Pero, ¿qué es el miedo? ¿Por qué conduce al lado oscuro? El miedo se manifiesta de muchas formas. Se tiene miedo al fracaso, a no cumplir las expectativas propias o de los otros —que normalmente tienen mucho que ver con las propias—. ¿Qué carga Anakin Skywalker a sus espaldas? Expectativas, anhelos, proyectos que los otros ponen sobre él —su madre, su maestro, la profecía…— y forman el espejismo de lo que debería ser, una imagen ideal que no se puede alcanzar. Y todo esto es un reflejo del ego. Se teme fallar por apego al ego, a esa imagen que uno tiene de sí mismo. Hay que huir del miedo, alejarse del apego y concentrarse en aquí y ahora. ¿De dónde viene el miedo? Es el resultado de la duda, la ansiedad. Y cuanto uno más persigue lo deseado, más fracasa en su objetivo, el miedo aumenta, y también el empeño por aferrarse a lo deseado. Recordad a Lao Tse: el que se aferra no conserva. El miedo crece en una espiral que lo hunde en el lado oscuro y se vuelve ira, rencor, odio y sufrimiento. El sufrimiento es el motor del lado oscuro. Por eso hay que abandonar el miedo a través del desapego.


La impermanencia

Porque en el budismo no tiene mucho sentido tratar de aferrarse a las cosas ya que todo cambia. Nada permanece. Desde la cuna a la tumba el cambio es constante. El mundo, nosotros mismos, nuestras ideas, están en permanente mutación. Así que, ¿de veras vale la pena resistirse al cambio y provocarnos el sufrimiento hasta el último momento, además de traer el dolor y la desgracia a los nuestros? Anakin sabe que Padmé morirá y, en lugar de aceptarlo, se dedica a luchar contra lo inevitable. Provoca su desgracia, el sufrimiento de aquellos que lo aman y el mal Karma que perseguirá a sus hijos, separados y enviados al otro extremo de la galaxia. Hay que abandonar los instintos de conservación y aceptar lo que nos llega, sin juicio, aquí y ahora. Preocuparse por lo que fue o lo que será, cosas que no existen en la realidad búdica, sólo genera ansiedad y miedo. Durante la lucha final entre Quin-Gon Jinn y Darth Maul, en La amenaza fantasma, los oponentes se encuentran separados por un campo de fuerza. Mientras el Sith se deja llevar y utiliza su frenesí por el combate, el Jedi se sienta y medita, vaciando la mente. El zen tiene un nombre para eso. Es el Shikan Taza: simplemente sentarse, sin meta, sin objetivo, centrado en el presente, en la meditación zazen.


El viaje del héroe, un viaje interior

Por todos estos motivos, el camino hacia la iluminación, hacia la superación del sufrimiento, es un camino de vuelta, un viaje interior. El mismo viaje que emprende Luke y que su padre emprendió antes que él.
¿Por qué deseas ser Jedi?
Por mi padre.
Conversación entre Yoda y Luke.
Es una figura arquetípica la del joven que abandona hogar y familia en busca de aquello que un destino superior le deparará. Es una constante en todas las tradiciones orales que se repite de una cultura a otra. Sin embargo, Anakin viaja hacia fuera, en pos de algo que no puede alcanzar, un padre que no existió, mientras que Luke viaja en busca de un padre que no conoció y que, cuando por fin encuentra, resulta ser el paradigma del mal, la némesis de lo que debería haber sido el ideal del padre piloto, rebelde y Jedi.
Tu destino está ligado al mío, Luke.
Dice Darth Vader.
Y más adelante:
Acepta tu destino y únete a mí.
Entonces comienza su viaje interior, tragado por el torbellino del miedo a convertirse en ese padre malvado. Si aquel padre idealizado que no llegó a conocer, falló al luchar contra el lado oscuro, ¿cómo podrá él triunfar si, ni por asomo, puede compararse con el Anakin Skywalker que había imaginado? Es por esto que todavía confía en la redención de su padre, por lo que aún espera que abandone el lado oscuro y regrese a él.
Todavía hay bien ti, puedo sentirlo.
Dice Luke a Vader.
Sin embargo, su padre lo entrega al emperador y después amenaza con hacerse con su hermana. En la escena más poderosa de toda la saga, los sentimientos de apego de Luke lo traicionan y estalla en ira contra el padre malvado, contra sí mismo y su vana esperanza de que todavía quedase algo de aquel Jedi que fue. Entonces acaba con Vader, se venga por el abandono, por ser aquel monstruo enmascarado, y pasa al lado oscuro. Cae en la ira, la rabia, el apego por los suyos, el rencor. Sin embargo, la iluminación le llega al observar su mano mecánica y el padre malherido: ha caído en la trampa y la única solución es entregarse al sacrificio, dejar de luchar, arrojar el arma y aceptar las consecuencias. Así vence al lado oscuro y Anakin se redime; su hijo ha conseguido lo que él no pudo.


El dilema Skywalker

Así es como llamo al interrogante que sobrevuela toda la saga de George Lucas, impregnando a la estirpe de los Skywalker.
¿Es el lado oscuro más fuerte? —pregunta Luke a su maestro.
No, no, no —responde Yoda—. Más rápido, más seductor. Pero no más fuerte.
Hay una atracción natural en los Skywalker por el lado oscuro, por conocer qué hay al otro lado, indagar en los rincones de lo prohibido; tentar al peligro.
Pero, ¿por qué no es el lado oscuro más fuerte?
No hay porqué —dice Yoda a su alumno—. Libera la mente de preguntas.
Yoda no responde. Simplemente, da por hecho que el alumno aceptará que el lado luminoso es más fuerte. Ten fe, confía en la enseñanza. Pero Luke no acepta esa respuesta, de la misma forma que su padre tampoco lo hizo; debe descubrir por sí mismo la verdad del lado oscuro, asomarse al vertiginoso precipicio del reverso tenebroso de la Fuerza.
Hay una explicación para todo esto, y es que, al igual que el yin y el yang forman la acción y la recepción del tao, el lado oscuro no puede existir sin la luz. Los Sith nacen de los Jedi y no al contrario. ¿Por qué no es el lado oscuro más fuerte? Porque el lado oscuro es parte del lado luminoso. La oscuridad es ausencia de luz. El lado oscuro depende de eso, de la ausencia de luz. Si queda luz, si todavía hay una pequeña chispa en lo profundo, como en Vader, todavía hay posibilidad de redención. Ese es el gran error de Yoda y Obi-Wan, suponer que no hay posibilidad de redención en un Sith, pero Luke sostiene que mientras quede algo de luz, siempre se puede regresar del abismo.
Hay una anécdota que le ocurrió al maestro Deshimaru cuando era un joven monje. Viajaba en un carguero japonés durante la Segunda Guerra Mundial y, en plena noche, se encontraron en una batalla naval. Cundió el pánico entre la tripulación; los torpedos pasaban bajo la quilla, explosiones, disparos y fogonazos que iluminaban la noche. Sin embargo Deshimaru se sentó en cubierta, en posición de zazen, y meditó. Quizá un Lord Sith habría buscado un arma para plantar cara a sus enemigos, o un bote para ponerse a salvo y abandonar a los otros. Pero el Jedi mantiene la calma, espera, atento, sin dejarse llevar por los sentimientos. Shikan Taza. Como dijo Yoda, el lado oscuro es más impresionante, más rápido, más seductor, aunque, en el fondo, seres luminosos somos.


Guillem López
Avilés. 2012





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